lunes, 29 de enero de 2007

Un bochorno histórico

San José 1 – Colonia 5: la selección dio miedo y espantó a las 2 mil personas que fueron al Estadio

Por Diego Sebastián Maga
Colonia no salió a ganar pero San José hizo todo para perder. No existe nada tan desastroso que no pueda ser empeorado y de Canelones (1 a 3) a Colonia (1 a 5) se pasó de lo malo a lo malísimo. Una noche espantosa como pocas veces sucedió. Sin nada fútbol ni la rebeldía suficiente para disimular tal ausencia. La selección jugó un juego vacío y vació el Estadio. Un verdadero bochorno histórico. Lo de San José en el Nacional es un fracaso. Y quien vea en estas palabras a un conspirador, lo siento mucho.

¿Quién manda en la interna? A esta altura (o profundidad) no sabría decirlo. Cuanto más se investiga más queda al descubierto que los roles se confundieron. Y esto es inadmisible. Alguien que está dedicado a organizar se tiene que dedicar a eso y punto. No tiene que invadir otros espacios de acción. Para algo se determinaron en un principio las funciones. ¿Es el Intendente quien debe exigirles a los jugadores “tienen que salir a pedir perdón públicamente”? No. Y en todo caso, la única disculpa posible la darán en la cancha. A mí y a nadie le sirve que los jugadores salgan por la tele o la radio con “promesas” de que todo va a cambiar y ser mejor. Esto no es una campaña política: bastante prometen allí y tan poco cumplen como para convertir a la selección en eso. La selección no es un comité para intentar transferir ese tipo de códigos ni para utilizarla con fines políticos o de imagen de gestión. A todo esto, mientras esta neblina se viene encima, ¿qué pasa con Julio Rodríguez? Parece que no mucho. El entrenador, es –porque así lo designó una Comisión de Selección que compone el propio Intendente- el único con potestades para tomar “decisiones” que incidan en factores técnicos, tácticos y de actitud. Al primer instante en que el técnico sienta invadida su función y escuche demasiado asesor (y ejecutor) que saca y pone jugadores según sus rendimientos aceptables o deficientes tiene dos opciones: o bien le recuerda a su entorno que es el DT y que las órdenes al plantel son de pura resonancia de él o bien renuncia para que esas “voces” que se hacen sentir más que la suya blanqueen su situación y asuman en el cargo. Es un tiempo bisagra en el que definir de una vez por todas quien tiene el poder o si hay un poder detrás del poder. De ser así nada cuesta imaginar al Intendente con la pizarra dando la charla técnica ante sus 23 dirigidos (que lástima, un jugador menos y el número era el ideal) y pidiéndoles “a ver, chicos, repitan conmigo: fue sin querer y no lo vamos a volver a hacer” y al entrenador saliendo por las barriadas para lanzar su candidatura electoral (vale la pena bromear con esto ahora antes de que pase a ser realidad y pierda la gracia).
Al poner el bisturí a fondo en un ambiente tan enrarecido es cuando se entiende como puede estar fracasando un proyecto tan “perfecto”. Entre tanta iluminación San José extravió el fútbol y quedó consumido por el show que se montó. Mucha potencia lumínica arriba y poco iluminado abajo: esa frase describe el actual estado de cosas. A veces el exceso de luz encandila o –en el peor de los casos- produce sombras más oscuras. Y la verdad es que lo esencial (el juego de la pelotita) sigue siendo invisible a los ojos. Demasiado fuego artificial y pirotecnia verbal y aún esperamos por la única explosión que queremos: la futbolística.
Desde que a alguien se le ocurrió inventar las excusas dejaron de existir los culpables; pero con un mínimo de honestidad intelectual todos sabemos que esto no es obra de una suerte esquiva, del clima, los árbitros o el horóscopo. Es más, discrepo con la idea de que el responsable es un tipo solo: el bochorno del otro día le cabe desde luego al entrenador y sus contradicciones, ni que hablar a los jugadores, que son quienes ponen en práctica o arruinan la teoría del DT (que espero no sea la que vimos el sábado porque no me imagino como corno se dibuja un mamarracho así), igualmente es responsabilidad de quienes pretenden ser un técnico bis aunque no debajo de los potentes reflectores del Estadio sino desde la sombra y de quienes se valen de las amenazas de “renuncia” para presionar y que se los ponga en el equipo y encima con exigencias propias de quien sufre “delirios de galáctico”. Señores, la verdad vuelve a ser insoportable aunque no por eso menos reveladora: lo que pasó es horrible. Una “verdadera” paliza histórica que va a ir a parar a las estadísticas que nunca querremos recordar.
Es el instante preciso (hoy, no mañana) de cambiar para que el futuro cambie. Antes que hablar, jugar. Antes que buscar conspiraciones, entrenar. No hay otra fórmula posible.
Seguro que ustedes están aguardando por los conceptos del partido en sí aunque ahorraría bastantes palabras con decir que San José perdió 5 a 1. La sola lectura de esos números da la pauta de un equipo que jamás salió de lo penoso y otro que llegó varia veces a lo sobresaliente. De un lado el vacío (pases desastrosos, desorden estratégico, definición deforme, faltas como único recurso de contención, talentos ausentes, y voluntad cero) y del otro el más completo compilado de capacidades (saber esperar, estudiar debilidades, descubrirlas y atacarlas sin concesiones con movimientos dinámicos, compactos y precisión quirúrgica). Pero, que nadie se engañe, en el tiempo inicial Colonia no salió a ganar pero San José hizo todo para perder. De allí en más sí (con los horrores defensivos que produjo la blanca), los colonienses terminaron 2 a 0 el primer acto y en el segundo, con el seleccionado anestesiado, con su descalabro al desnudo y sin la rebeldía suficiente para disimularlo, se decidieron a barrerlo. Colonia lo deshizo sin “asco” y con goles (como el de Olivera, que se retiró ovacionado por el propio público de San José) de resolución “Diego Armando”. Con el cuarto tanto (¡iban apenas 53’!) la gente indignada se mandó a mudar del Estadio y sintiendo vergüenza ajena. El partido demostró que no hay nada tan espantoso que no pueda ser empeorado y de Canelones (1 a 3) a Colonia (1 a 5) se pasó de lo malo a lo malísimo. Los rojos pasaron por aquí y tiñeron de idéntico color los números de San José. Los datos dan miedo: perdió el 100% de los puntos que jugó, está último en la serie a 6 unidades de los punteros, le marcaron 8 goles en dos partidos y solo pudo anotar 2 (uno de ellos de penal).
No hay dos opiniones: lo de San José es un fracaso estrepitoso y jugando así “se desestabiliza” solo. Por ahora, el súper equipo es solo imaginario. Esta en ellos –siempre y cuando la soberbia no interfiera- admitir equivocaciones para intentar al menos convertirse en un equipo (lo de “súper” igual queda para más adelante). De lo contrario, de seguirse justificando lo injustificable, “el último que cierre y que apague la luz”.